Madrid es una ciudad sin igual, llena de personas con nacionalidades de todo el mundo, cultura propia, actividades para todos los gustos y edades, una fascinante historia y un sinfín de cosas más. Dentro toda esta cultura variopinta de la región encontramos una de sus costumbres más simbólicas: El Rastro.

Aunque hoy en día basta con decir El Rastro para que cualquiera sepa de qué estamos hablando, originalmente se conocía por un nombre un poco mas complejo; en el año 1761 ya en algunos documentos se hacía referencia a este espacio como «Matadero de Carneros del Rastro».

Este evento que poco a poco se fue haciendo tradición data del año 1740 cuando, en la actual Calle Ribera de los Curtidores, se congregaban vecinos y comerciantes para la venta, compra y trapicheo de objetos de segunda mano.

Debe su nombre al rastro que dejaban las reses sacrificadas y aún sin desollar al ser transportadas, arrastradas, desde el matadero hasta las curtidurías.

Mapa Cultural Ilustrado El Rastro / Fuente: esmadrid.com / Ilustraciones: Daniel Diosdado

A lo largo de los años este gigantesco mercadillo ha seguido expandiéndose en muchos aspectos, por lo que el ayuntamiento ha tenido que adoptar ciertas medidas, tales como lo es que solo se celebre domingos y festivos, de 10:00 a 15:00 con un máximo de 3.000 comercios ambulantes los cuales tienen que ser enteramente desmontables.

Pese a los cambios y medidas que han ido afectando este bazar, aún es posible conseguir múltiples objetos de segunda mano y de distintas épocas, ideal para los que gustan de los artículos «vintage», además, también, artículos artesanales, accesorios de plata, cuero y otros materiales, y una amplia variedad de locales y vendedores ambulantes con una curiosa oferta de antigüedades.

Su belleza va más allá de sus calles y participantes, ésta reside en sus locales de antaño que forman parte de la identidad de la zona y de sus personas.

Un ejemplo de esto es la Invencible, un modesto kiosko de alimentación que evoca simpleza, cotidianidad, infancia y tradición.

Skinazo-bar es otro ejemplo de todo lo anterior. Con sus cuantiosas tapas a un euro (únicamente los domingos) y un pequeño espacio para albergar a los clientes, convergen acá innumerables visitantes.

Es un lugar curioso y, sin duda, económico donde poder hacer una pausa y, posteriormente, continuar el recorrido por las calles de la zona en busca de alguna oferta o tesoro esperando ser encontrado o, por el contrario, para recuperar energías e iniciar el retorno a nuestras casas luego de muchas horas de curiosear.

Al visitar el Skinazo tenemos que ser conscientes de lo que se está pagando ya que recibiremos exactamente eso. Estamos hablando de tapas a 1€ en Madrid, una ciudad muy cosmopolita pero que, como cualquier capital, los precios tienden a ser altos; si pedimos una cerveza en cualquier bar nos servirán unos frutos secos, unas olivas, unas palomitas o, en ocasiones, una tostada o quizás unas empanadillas. En Skinazo-bar recibiremos seis empanadillas o cinco croquetas por el módico precio de 1€ que, si bien las sirven a una correcta temperatura, no se siente exceso de aceite en lo que son los fritos y el sabor está bien, no podemos esperar una tapa gourmet.

Skinazo Bar – El Rastro de Madrid

Además de los establecimientos, también podemos encontrar personajes casi emblemáticos en El Rastro, como lo son los chulapos vendiendo barquillos a quienes deseen adquirirlos, o la señora del organillo animando los alrededores con una melodía un tanto carnavalesca que anima a los viandantes que se cruzan con ella.


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